Pablo Cánepa, uno de los principales impulsores de la ley de eutanasia en Uruguay, murió este lunes a los 39 años luego de acceder al procedimiento de muerte digna, permitido recientemente en el país.
La noticia fue confirmada por su hermano, Eduardo Cánepa, a través de redes sociales, donde informó que falleció “rodeado del amor de su familia y amigos”, en un mensaje que generó una fuerte repercusión pública.
Cánepa padecía ataxia cerebelosa idiopática, una enfermedad neurológica irreversible que avanzó rápidamente desde 2022 hasta dejarlo completamente paralizado. A pesar de la pérdida de movilidad, mantuvo intactas sus capacidades cognitivas y se convirtió en una voz activa en el debate sobre el derecho a decidir el final de la vida.
Su caso trascendió el ámbito personal y se transformó en un símbolo durante el tratamiento legislativo que culminó con la aprobación de la Ley de Muerte Digna en Uruguay, sancionada el 15 de octubre de 2025 y reglamentada en abril de este año por el presidente Yamandú Orsi.
El programa convirtió a Uruguay en el tercer país de América Latina en legalizar la eutanasia, después de Colombia y Ecuador, y permitió que, en los últimos días, se concretaran los primeros procedimientos bajo el nuevo marco legal.
El deterioro de su salud había comenzado con síntomas leves como mareos y problemas de equilibrio, que se agravaron en pocos meses. A lo largo de su enfermedad, Cánepa fue evaluado por especialistas en distintos países, aunque nunca se logró determinar con precisión el origen de su condición.
En reiteradas entrevistas, había manifestado su decisión de acceder a la eutanasia. “Estoy tranquilo y seguro de mi decisión”, afirmó en una de sus últimas apariciones públicas.
Además de su rol en el debate público, Cánepa era diseñador gráfico y había desarrollado una destacada carrera profesional, participando en concursos y congresos internacionales antes de que la enfermedad afectara su vida.
Su historia se suma a los primeros casos registrados tras la reglamentación de la ley y reabre el debate en la región sobre la legalización de la eutanasia, una discusión que también comienza a instalarse en otros países, incluida la Argentina.
En una de sus últimas entrevistas, al ser consultado sobre si le quedaba algo pendiente, dejó una frase que hoy resume su recorrido: “Confieso que he vivido”.



