Un grupo de científicos europeos detectó en la Antártida rastros de hierro-60, un isótopo radiactivo que solo se forma en fenómenos extremos como explosiones de supernovas, lo que confirma el origen extraterrestre del material hallado.
El descubrimiento fue realizado tras analizar cerca de 300 kilos de hielo extraídos del continente blanco en el marco del Proyecto Europeo de Núcleos de Hielo Antártico (EPICA), y los resultados fueron publicados en la revista científica Physical Review Letters.
Según explicaron los investigadores, el hierro-60 no puede provenir de la formación original de la Tierra, ya que su vida útil es demasiado corta en términos astronómicos y se habría desintegrado hace millones de años. Esto indica que llegó posteriormente desde el espacio.
El estudio fue encabezado por el astrofísico Dominik Koll, quien señaló que estas partículas se originan en explosiones estelares y viajan por el espacio hasta alcanzar planetas como la Tierra.
Los científicos sostienen que el Sistema Solar atraviesa actualmente una región conocida como Nube Interestelar Local, formada por gas y polvo expulsados por antiguas supernovas. Desde allí, pequeñas partículas de hierro-60 continúan llegando al planeta y quedan atrapadas en el hielo antártico.
Además, el análisis reveló que las capas de hielo más recientes contienen mayor concentración de este material, lo que sugiere que el Sistema Solar podría estar atravesando una zona más densa del espacio interestelar.
Para los especialistas, la Antártida funciona como una cápsula del tiempo natural, ya que sus capas de hielo conservan información tanto sobre la historia climática de la Tierra como sobre fenómenos ocurridos en el espacio profundo.



