Un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que el 49% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social. La investigación advierte sobre el crecimiento de la informalidad laboral, el deterioro de la salud mental y las dificultades para acceder a oportunidades, aunque destaca que la educación sigue siendo vista como el principal camino para mejorar el futuro.
El estudio, titulado “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, fue elaborado por los investigadores Juan Cruz Esquivel y Felipe Vega Terra a partir de una encuesta presencial realizada a 1.002 jóvenes entre diciembre de 2025 y enero de 2026 en los principales centros urbanos del país.
Según el relevamiento, más de 4,1 millones de jóvenes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, una problemática que los autores consideran estructural y ya no un fenómeno aislado.
Uno de los datos más preocupantes es la situación del denominado grupo “Triple Ni”: jóvenes que no estudian, no trabajan y además dejaron de buscar empleo. Representan el 33% de quienes integran el universo de los llamados “Ni-Ni”, reflejando un fuerte desánimo frente al mercado laboral.
Trabajo precario y dificultades económicas
El informe sostiene que tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza. El 56,9% de los jóvenes asegura que los ingresos de su hogar no alcanzan para llegar a fin de mes, porcentaje que asciende al 62,3% entre las mujeres.
Además, apenas el 15% de quienes trabajan cuenta con un empleo registrado. La mayoría se desempeña en condiciones de informalidad, realizando changas, trabajos independientes precarios o actividades en comercio, construcción y tareas de limpieza o cuidado.
En los sectores con mayor nivel de vulnerabilidad, la situación es aún más crítica: solo el 0,5% posee un empleo formal y siete de cada diez jóvenes no logran cubrir sus necesidades básicas con los ingresos del hogar.
La educación, una esperanza con obstáculos
A pesar del contexto, el 85,7% de los jóvenes considera que estudiar puede mejorar su calidad de vida. Sin embargo, el 75,2% tuvo que interrumpir sus estudios en algún momento, principalmente por dificultades económicas y falta de oportunidades.
Entre los objetivos a mediano plazo, terminar los estudios aparece como una de las principales metas, junto con conseguir un empleo o mejorar el actual.
Preocupación por la salud mental
El estudio también pone el foco en el bienestar emocional de los jóvenes. Siete de cada diez manifestaron sentir nerviosismo o ansiedad, mientras que más de la mitad reconoció experimentar tristeza, desgano o síntomas de depresión.
En cuanto a los consumos problemáticos, el uso excesivo del celular encabeza la lista: el 38,1% admitió utilizarlo de manera excesiva todos los días. Además, un 12,2% reconoció tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas, mientras que el 2,1% señaló problemas con las apuestas online.
Los investigadores concluyen que el panorama refleja una combinación de precariedad económica, dificultades para acceder al empleo y un marcado deterioro del bienestar emocional, factores que condicionan las expectativas de futuro de millones de jóvenes argentinos.



