El Gobierno de España desplegó una barrera marítima de unos 500 metros frente a Ceuta para impedir nuevos ingresos desde Marruecos, tras el ingreso masivo de migrantes registrado en los últimos días.
La medida fue ordenada por la administración de Pedro Sánchez luego de que decenas de miles de personas cruzaran hacia el enclave español. Según datos oficiales, cerca de 48.000 migrantes ya fueron retornados.
La estructura, de tipo neumática, sobresale entre 30 y 70 centímetros del agua y cuenta con una parte sumergida de hasta un metro de profundidad, con el objetivo de dificultar el paso a nado.
A pesar del refuerzo de los controles, durante el sábado se registraron nuevos intentos de ingreso por vía marítima. Algunos migrantes lograron llegar a la playa del Tarajal, donde fueron interceptados por fuerzas de seguridad.
Mientras tanto, Ceuta intenta recuperar la normalidad tras días de fuerte tensión. Su presidente, Juan Jesús Vivas, reconoció que la situación aún no está completamente controlada.
Del lado marroquí también se sintieron las consecuencias, con movimientos de personas en ciudades cercanas como Tánger y Fnideq, donde muchos migrantes regresaron tras no lograr cruzar.
El trasfondo de la crisis refleja un problema estructural: miles de personas intentan llegar a Europa en busca de mejores condiciones de vida, en medio de fuertes desigualdades económicas.
La tensión sigue abierta y el control fronterizo se endurece en uno de los puntos más sensibles entre África y Europa.



