Miguel Hernández: La eternidad continúa conociéndole
29/10/2021 Viral

Miguel Hernández: La eternidad continúa conociéndole

El Dr. Alejandro Karavokiris habló sobre Miguel Hernández a 111 años de su nacimiento.

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¿Por qué se quiere a un hombre? ¿Por su integridad, su conducta o por como nos brindó vida en ese espacio que ocupó entre nosotros? Y, cuando han pasado más de 60 años de su ausencia… ¿quién y cuántos y, por qué gente que no conoce ni conocerá las piedras que habían en su camino, lo quiso, lo quiere y lo habrá de querer? ¿Por qué Miguel, te quiere alguien del cual nunca te propusiste que te quiera? ¿Es el destino del escritor, del poeta, escribirle y soñar para un anónimo que también aún hoy no ha nacido?
Habrá conocedor de ti en 60 años más, de tu pueblo, de tu lucha y tu eterna poesía. Habrá de leer alguien la lista de tus verdugos, tus amigos y amores cuando llegue el fin de los tiempos. Lo sé, para ti sucederá, es una certeza, porque es una ley más fuerte que el luto entre los humanos, la de la dignidad, la pureza y la honestidad intelectual.

Miguel Hernández nació en Orihuela, provincia de Alicante un 30 de octubre de 1910, fue el segundo hijo de una familia dedicada a la crianza de ganado. Desde muy temprana edad fue pastor de cabras, cosa que le hizo ganar el mote del “poeta pastor” o “el poeta cabrero”. En 1923 estudia el bachillerato en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela, regenteado por los jesuitas. Entre el pastoreo y las diatribas de su progenitor, para que se dedique exclusivamente al negocio de la familia, cursa estudios de derecho y literatura. Antonio Gracia, comenta en su libro sobre Miguel Hernández: «La lección hernandiana consiste en la superación de la incultura y las ideologías derechistas e izquierdistas, la iluminación y el aprendizaje en el dolor, y la esperanza en el hombre».
Mientras cuida el rebaño, Miguel lee con avidez y escribe sus primeros poemas, quizás inspirado en su mundo de pueblo y campo o en su primer intento de noviar con la muchacha “hecha flor” de mi infinito caserío, Carmen, llamada la Calabacica, que no quiere al joven poeta, tal vez porque Miguel no era un muchacho agraciado físicamente, no era alto, era moreno y, de hecho, tenía en la cara marcas provocadas por el estallido de un petardo, cuando jugaba de niño.
“No tienes más que hacer que ser hermosa, / ni tengo más festejo que mirarte,”

Gracias al canónico Luís Almarcha Hernández, Miguel tiene a su disposición la biblioteca del prelado y así llegan a sus manos libros de San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Virgilio, Paul Verlaine y otros. La poesía barroca del siglo de oro español: Cervantes, Góngora, Quevedo y Lope de Vega, las metáforas del simbolismo y posteriormente del surrealismo francés, el naturalismo de las novelas de Zola y el realismo de las de Victor Hugo, todas y mucho más, son un tesoro que se abre generoso al poeta. El dorado paisaje cabrero de las llanuras de su provincia son su inspiración temprana y Machado y una gran cuota de romanticismo y melancolía le aportó la lectura de Gustavo Adolfo Béquer. La palabra pura y llana, absoluta que caracteriza la escritura de Miguel, comenzó a gestarse allí, aunque requirió de la concurrencia y del parecer de otros poetas, dramaturgos y artistas de su entorno, que conoció en su estadía madrileña. Requiriendo de la forja de la vida en sus dolores, amores y ausencias. Mostró en sus escritos un compromiso entre lo particular y lo universal con su presente: lo que ama, odia, acuna y mata el está en sus libros. Llorar sobre una poesía suya, es encontrar el primigenio pathos de nuestra infancia. Cuando le leemos, lo hacemos con los ojos de un niño y los genitales de un hombre, la angustia de un padre y la determinación de un guerrero.
“Cuando te voy a escribir / se emocionan los tinteros: / los negros tinteros fríos / se ponen rojos y trémulos, / y un claro calor humano / sube desde el fondo negro. / Cuando te voy a escribir, / te van a escribir mis huesos: / te escribo con la imborrable / tinta de mi sentimiento”.

En su primera época, ya de escritor decidido y de oficio, comienza formando un improvisado grupo literario junto a otros jóvenes de Orihuela en torno a la Tahona de los hermanos Carlos y Efrén Fenoll. Los principales participantes de esas reuniones, a parte de Miguel y los Fenoll, son Manuel Molina y José Marín Gutiérrez, futuro abogado y ensayista que posteriormente adoptaría el seudónimo de “Ramón Sijé” a quien Miguel le dedicaría a la temprana muerte de su amigo, la célebre Elegía.

A comienzos del año 1933, realiza su segundo viaje a Madrid en busca de trabajo, lo obtiene y también el interés y la amistad de intelectuales de vanguardia y gente de la generación del 27. Conoce a Lorca en Murcia cuando lleva bajo el brazo la intención de editar (que concreta) su primer libro de poesía “Perito en Lunas”. José Bergamín en Madrid, le presenta a Gerardo Diego; Altolaguirre y comienza un hermanado y sentido acercamiento con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Participa de reuniones, cenas y charlas animosas en los cafés de la bohemia literaria de aquel entonces. Consigue trabajo como secretario y redactor de la enciclopedia “Los Toros” y colabora con asiduidad en la “Revista de Occidente”.

Al estallar la Guerra Civil se alista en el bando republicano en el 5º Regimiento y combate en los frentes de Teruel, Andalucía y Extremadura. En plena guerra, logra ausentarse brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. La joven pareja después de la celebración se traslada a vivir en Cox, una población cercana a su pueblo, en donde nacieron los dos hijos del matrimonio, muriendo el primero al poco tiempo de nacer, en 1937. El segundo nace en 1939.

En abril de ese mismo año, el general Francisco Franco dio por concluida la guerra y así certifica la derrota total del bando republicano. Miguel en Orihuela decide el exilio hacia Portugal y hace el recorrido a pie, intentando cruzar la frontera por Huelva. Cuando en una estación de trenes se sienta para cambiarse las alpargatas deshechas por el intenso viaje, es capturado por la policía del dictador portugués Salazar, y lo entregan a la Guardia Civil. Desde la cárcel de Sevilla lo trasladaron al penal de la calle Torrijos en Madrid (hoy calle del Conde de Peñalver), de donde, gracias a las gestiones que realizó Pablo Neruda ante un cardenal, salió en libertad inesperadamente sin ser procesado, en septiembre de 1939. Vuelto a Orihuela, fue delatado y detenido y ya en la prisión de la plaza del Conde de Toreno en Madrid, fue juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940. Amigos e intelectuales, entre ellos Luis Almarcha Hernández,4 vicario general de la Diócesis de Orihuela (posteriormente obispo de León en 1944), intercedieron por él, computándose la pena de muerte por la de treinta años. Pasó a la prisión de Palencia en septiembre de 1940 y en noviembre al Penal de Ocaña (Toledo). En 1941, fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde compartió celda con Buero Vallejo. Allí enfermó. Padeció primero bronquitis y luego tifus, que se le complicó con tuberculosis. Falleció en la enfermería de la prisión alicantina a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con tan sólo 31 años de edad. Se cuenta que no pudieron cerrarle los ojos, hecho sobre el que su amigo Vicente Aleixandre compuso un poema.5 Fue enterrado en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante, el 30 de marzo.

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